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Europa con mi mejor amigo de viaje. Por: Oscar Isgleas

Hace aproximadamente 14 años, tuve la oportunidad de viajar a Europa por temas de trabajo, y se me ocurrió decirle a mi papá que viniera conmigo.

Nunca habíamos viajado Papá e Hijo y estábamos viendo la opción de ir a la India, pero con éste viaje en puerta, el plan definitivamente cambió…

Para empezar tuve que avisar en mi trabajo que mi papá viajaría conmigo, que el pagaría todos sus gastos, incluso el hospedaje, pues yo compartía habitación con alguien más de la agencia.

Así que los primeros días estuvimos visitando varias ciudades de Inglaterra, y mi papá me estuvo siguiendo dentro de varias ciudades, y aunque se hospedaba en los mismos hoteles, algunos muy peculiares, recuerdo una casa estilo victoriana con muchos pasadizos, lo veía muy poco porque yo estaba haciendo muchas inspecciones.

Él aprovechaba para conocer, pues era su primera vez en Inglaterra, así que  estaba fascinado y muy aventurado, sin dominar bien el inglés, lo hizo como todo un viajero profesional.

De repente nos llegábamos a encontrar, o desayunábamos y me encantaba ver que se estaba dando la gran vida con su “fry-up”: El gran desayuno inglés con huevos fritos, salchicha, tocino, tomate y frijoles, pan tostado con mantequilla, creo que lo pedía todos los días en todos lados, se le estaba haciendo costumbre.

Pero lo mejor de todo es que se había acoplado muy bien, incluso con mis compañeros del trabajo que lo adoptaron como uno más, pero como si fuera de chocolate.

Después de una semana mis compañeros regresaban a México y por fin nosotros podíamos empezar nuestra aventura por Europa.

Llevábamos un pase de Rail Europe, que nos permitía subirnos a cualquier tren, en cualquier país, así que no llevábamos una ruta definida.

Viajamos en Eurostar a Ámsterdam súper emocionados de ir por debajo del mar, cruzando el canal de la mancha y llegando en la estación nos encontramos con un amigo mío de Saltillo y su novia holandesa.

Llegamos a un hotelito enfrente de los canales y mi papá estaba fascinado, siempre mostraba todo el ánimo del mundo. No importaba si llovía o si hacía frío… si teníamos que subir las maletas por escaleras angostas en los hoteles, en verdad de nada se quejaba.

Después de unos días dónde lo llevé a conocer lo más importante de Ámsterdam: Museos como el de Ana Frank, el museo de Vang Gogh, incluyendo la vida nocturna de la ciudad, pues es parte del atractivo visual.

Lo que más me gustó de Amsterdam es que nos metíamos a un bar, tomábamos algo y caminábamos otro poquito, y así nos aventamos un buen rato, porque el frío no nos dejaba caminar mucho…

A estas alturas del viaje me sabía mejor que podía acompañarlo, pues él no hablaba inglés, entonces se le hacía muy fácil mandarme y que yo preguntara todo y para todo quería preguntar.

Nos fuimos a Bruselas y Brujas, recorrimos los canales, las callecitas, pareciera que no hay mucho que hacer, pero todo es como un cuento medieval.

La verdad no pudimos resistirnos y paramos en los restaurantes de la plaza principal  conocida como el Gran Mercado, pues sus mesitas están afuera y nos pareció que realmente nos merecíamos una degustación de la comida típica flamenca.

Principalmente los mejillones con papas fritas entre otras delicias del lugar, para esto ya los souvenirs y regalos se estaban haciendo presentes.

Nos regresamos a Bruselas, pues es impresionante ver la plaza principal de noche y así fue un lugar único con cierta melancolía, pero estoy seguro que a mí papá le traía muchos recuerdos, pues una tía hermana de mi abuelo (la tía Flora) había vivido en Bruselas tras la guerra civil de España.

Al otro día, teníamos la intención de caminar por la ciudad pero yo creo que no duramos ni 30 minutos caminando y empezamos a sentir que el frío era insoportable, pues era febrero y según las noticias estaba llegando frente frío de los países del norte.

Estábamos felices nada nos bajaba los ánimos, pero con un frío que no nos imaginábamos. Salió un reportaje que el frente frío afectaría aún más el centro de Europa, justo dónde nosotros y que un fenómeno raro, en los países nórdicos en el cual se indicaba que el frío había cesado, por lo que se me ocurrió ver cuánto costaban los vuelos a Suecia y aprovechar que a pesar del invierno, había buen clima, nunca había estado por esos países, entonces encontramos un vuelo esa misma noche y nos fuimos a Estocolmo, Suecia.

Llegamos muy de noche y encontramos hospedaje en Långholmen, que se encuentra en una pequeña isla sobre el río de Estocolmo, con la característica principal que anteriormente había sido una cárcel, y ahora lo habían acondicionado para ser un hostal pero con todas las comodades de un hotel de 5 estrellas.

Las vistas de la ciudad de Estocolmo desde las celdas, con el río con pedazos de hielo las barquitas empotradas en los muelles, todo un paisaje de invierno.

Estábamos fascinados, el restaurante del lugar parecía un restaurante de lujo, todo era delicioso hasta los postres,  nos sentíamos como reyes en un palacio…salíamos a caminar aprovechando las horas de día, fuimos al centro.

Era una caminata deliciosa como de menos de 1 kilómetro, llegamos a ver las casitas de colores Gamla Stan, al palacio real, la sala de conciertos de Estocolmo dónde es entregan los premios nobel.

Después, tomamos un tren a Oslo, pues como nunca habíamos estado en esos países, no conocíamos los fiordos, entonces nos fuimos a nuestra siguiente aventura, investigando en cafés de internet, encontramos un lugar que se llama Stavanger, un pueblo cerca de los fiordos.

Realmente impresionante, no podíamos creerlo, los paisajes, todo estábamos siendo realmente muy afortunados, porque además todo con muy poca gente y con un frío aceptable, nos hospedamos en un hostal St. Svithun, muy espacioso, con familias viajando también.

Un lugar muy acogedor que siempre quiero recordar.

Ya que disfrutamos los fiordos, la ciudad de Stavanger súper pintoresca todo, nos disponíamos a irnos a nuestra siguiente parada, era domingo y nos fuimos con nuestras maletas a la estación del tren, pues queríamos viajar a Copenhague!!

Así que llegamos y la estación del tren estaba vacía. Estaba anocheciendo, y los horarios que yo llevaba en mi libro del tren, no coincidan en nada con el pizarrón de la estación del tren.

Para esto no había nada en Inglés, todo estaba en noruego, entonces empecé a descifrar y entendí que los domingos no había tren nocturno a ningún lado…!

Así que estábamos atrapados, no teníamos hospedaje, había un festival en Stavanger y los hoteles estaban llenos, por lo que estuvimos dando vueltas en algunos y nos decían que no, nos regresamos a la estación de tren, y encontramos un tren local que nos acercaría a Dinamarca.

4 horas de viaje.

No recuerdo el nombre del lugar al que viajamos, pero estaba en medio de la nada, llegamos casi a la media noche, y era una estación tan pequeña (algo que no imaginaba) que ni siquiera tenía techo.

Pregunté en una tienda dónde habían hoteles cerca, porque no se veía nada, y me dijeron que 2 kilómetros caminando, y como no había taxis, tuvimos que caminar sobre la nieve, con frío, arrastrando maletas, porque me rehusaba a pasar la noche congelados en una estación del tren.

Encontramos el hotel nos dormimos unas 3 horas y regresamos a la estación pues sabíamos que el tren a Copenhague saldría muy temprano entonces sólo fuimos a dormir unas horas al hotel y madrugamos para alcanzar el tren del día lunes. Porque esperar el tren allí era imposible.

La verdad es que yo estaba todo preocupado porque mi papá seguro no se la estaba pasando bien, pero cuando ya íbamos en nuestro tren Copenhague, ver esos paisajes en el tren, todo nevado pero era un día soleado de hecho nos tocó ver el amanecer.

Las casas tienen un peculiar estilo de decoración como retro minimalista, muy escandinavo, era todo un sueño que no nos imaginábamos de ese viaje.

De repente el tren hizo una parada y mi papá me dijo, ya sé me voy a bajar y me tomas una foto, se bajó corriendo del tren, se paró cerca de la nieve, pues el paisaje era unas montañas con nieve y casitas por todos lados le tomé la foto, y se fue de espaldas pues hizo un hoyo en la nieve, fue muy divertido.!!

Continuamos nuestro viaje a Copenhague, pero empezó a regresar el frío nuevamente, nevadas, bancos de nieve en todos lados, como es normal en los países del norte siempre hace más frío.

Empezamos a encontrar cosas cerradas, así que ya no estaba siendo tan divertido, caminamos para buscar a la sirena de bronce, pero nos fue imposible, así que mejor cambiamos los planes y tomamos un tren nocturno a Hamburgo.

Fue muy divertido porque no alcanzamos couchette, así que otra experiencia más, pero esos trenes son impresionantes.  Pasamos el día en Hamburgo y luego otro tren nocturno a Montpellier, Francia, pues el frío seguía y preferíamos buscar ya un clima mediterráneo.

Nuestro destino final sería la Costa Brava, donde mi padre se encontraría por 2ª ocasión en su vida y última con la familia de mi abuelo, en Sant Feliu de Guíxols, cerca de Barcelona en la Costa Brava.

Cuando llegábamos a casa de la tía Teresa prima hermana de mi abuelo, nos recibían los primos y tíos, con comida deliciosa que sabía a navidad.

Algo que estoy seguro que mi padre atesoró, pues era descubrir cosas de la historia de nuestra familia, incluso hay una calle con el nombre de su abuelo Francesc Isgleas a la cual nos llevaron a visitar como parte del tour familiar.

Este ha sido uno de los mejores viajes de mi vida, y el que siempre llevaré en mi mente, no tenemos fotos porque perdimos los rollos. Pero estoy seguro que él lo disfruto mucho. Nunca se quejó de nada y me alegra que pudimos hacerlo.

Por: Oscar Isgleas.

Juliá Tours: http://www.juliatours.com.mx/juliav2/

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