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La migración emocional: Gente que se muda a otros países.

Los nuevos expatriados: Viajeros que van de vacaciones y deciden mudarse a otro país: Migración Emocional.

De acuerdo a las Naciones Unidas el número de migrantes en el mundo aumentó 41% en 15 años: ya son 224 millones. Europa es el mayor receptor de migrantes del planeta, con unos 76 millones, aunque seguido muy de cerca por Asia, que recibe a 75 millones.

Esta es una estadística que nos da un panorama de cómo esta cambiando el mundo y cómo nos movemos como seres humanos.

Sin embargo, ¿Qué pasa con los viajeros que llegan a un país y en ese momento deciden quedarse a vivir ahí y probar suerte?

Este tipo de viajeros no es una migración que busca mejores oportunidades de trabajo o escapar de problemas políticos, económicos o sociales de su país de origen. Este perfil es aquella persona que busca cosas mucho más profundas: busca un cambio de vida. Esta es la migración emocional.

¿Cómo es la migración emocional?

Hablemos de las características que empiezan a tener estos viajeros una vez que asientan las bases de su vida en un lugar.

¿Qué motiva a los expatriados?

  1. LA ADRENALINA NO TE ABANDONA.

Desde el momento en el que decides marcharte, tu vida se convierte en un vaivén de emociones, de lo inesperado, de aprendizaje e improvisación. Los sentidos nunca duermen, y durante un tiempo destierras la palabra rutina.

  1. NUNCA HAY VUELTA ATRÁS.

Si ya viviste en otro lugar, es muy probable que hiciste amigos y por un tiempo creaste una vida. Eso hace que la gente cambie y nunca sea la misma de nuevo.

  1. NI DE AQUÍ, NI DE ALLÁ.

Cuando te vas por una larga temporada y regresas a tu país te das cuenta de que te alejaste y las cosas también cambiaron o peor. Todo sigue igual y tu fuiste el que cambiaste. Eso genera una sensación de no ser ni de aquí ni de allá.

  1. LA MELANCOLÍA COBRA OTRO SENTIDO.

La música, la comida, los olores, la voz de tu familia. Todas esas pequeñas cosas se convierten en un detonador de “extrañamiento” y lo peor te invade en cualquier momento.

  1. DEJAS DE HABLAR UN IDIOMA EN CONCRETO.

Los modismos, las palabras locales, las malas palabras, las descripciones te salen diferente. Te conviertes en una mezcla perfecta del antes y el ahora. Buscas nunca perder tu esencia pero adaptándote a tu nuevo contexto de vida.

  1. APRENDES A DESPEDIRTE.

Decir adiós se convierte en parte de tu vida. Nunca deja de doler una despedida pero sabes que es parte de la vida.

  1. TU VIDA CABE EN UNA MALETA.

Eres una persona que puede desprenderse de las cosas. Lo más valioso de su vida cabe en una maleta y esa maleta puede estar en cualquier parte del mundo. 

  1. TIENES DOS DE TODO.

En tu cartera empiezas a coleccionar identificaciones. Puedes tener un ID que te permita identificarte en tu nuevo hogar, pero jamás dejas en casa la licencia de conducir de tu país.

  1. LO TRADUCES TODO.

Los términos que se usan en tu nuevo hogar tienes que traducirlos todo el tiempo a tu idioma de origen. Comparas todo, las calles, los conceptos, los sitios turísticos. Todo.

  1. LA ESENCIA JAMÁS SE PIERDE.

Buscas algo que te recuerde tu casa. ¿Un amigo con el mismo acento? ¿Un deporte que practicabas en casa?, ¿Una comida?, ¿Un canal de televisión o una serie en tu idioma?, ¿Leer las noticias de tu país para nunca estar tan lejos?

Eso es lo que vive un expatriado emocional.

Por: Jessica De la Cruz

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