Mientras en otras regiones del mundo el otoño comienza a asomarse, en el hemisferio sur, la primavera despierta la belleza más salvaje y auténtica de la Patagonia Argentina. El Calafate y El Chaltén, dos joyas ubicadas en la provincia de Santa Cruz, invitan a sumergirse en paisajes que parecen salidos de un sueño, donde la naturaleza vibra con fuerza, el aire es puro y la experiencia es tan intensa como inolvidable.
El Chaltén: trekking entre glaciares, bosques y cielos inmensos
A partir de septiembre, cuando el clima se vuelve más amable y la temporada alta aún no ha comenzado, los senderos de El Chaltén –considerado la “Capital Nacional del Trekking”– se convierten en una invitación abierta a caminar sin prisa, rodeados de cerros míticos como el Fitz Roy y el Cerro Torre, lagunas de agua cristalina y bosques patagónicos que estallan en verdes intensos.
La travesía hacia la Laguna de los Tres es una de las más populares: un recorrido de unas cuatro horas (solo ida) que regala postales inigualables del Fitz Roy reflejándose en un espejo de agua helada. Para quienes aún tienen energía, el sendero continúa hacia Laguna Sucia, una joya escondida entre glaciares colgantes y montañas imponentes.
Además de la majestuosidad del paisaje, el visitante se encuentra con una fauna única: águilas, cóndores andinos y una increíble variedad de aves habitan estos cielos patagónicos.
Dormir con vistas infinitas
La oferta de hospedaje en El Chaltén tiene propuestas para todos los gustos. Desde lujosos hoteles boutique como Los Cerros del Chaltén, con spa, restaurante gourmet y panorámicas de ensueño, hasta alojamientos inmersivos como Ovo Patagonia, una cápsula a 270 metros de altura que redefine el contacto con la naturaleza. Destino Sur, con su estilo rústico y acogedor, completa la propuesta con gimnasio, spa y desayuno buffet.
TIP AMAVIAJERO: varios de estos alojamientos no están disponibles todo el año, así que ¡reserva con tiempo!
Sabores con acento patagónico
Cordero al jerez, conejo estofado, asado criollo con chimichurri, pastas caseras, pescados de río y tartas de frutos del bosque… La gastronomía local combina tradición, ingredientes frescos y creatividad en cada platillo. Comer en El Chaltén es casi tan fascinante como recorrer sus senderos.
El Calafate: cara a cara con los glaciares
A unas tres horas en auto desde El Chaltén se encuentra El Calafate, un destino que brilla con luz propia. Es la puerta de entrada al Parque Nacional Los Glaciares, hogar del imponente Perito Moreno, una mole de hielo de 250 km² que deja sin aliento a quienes la visitan.
Aquí, la experiencia es única: se puede caminar sobre el glaciar con crampones, recorrer sus pasarelas panorámicas o navegar frente a su cara sur, donde los bloques de hielo se desprenden con estruendo en un espectáculo natural inolvidable. Al finalizar, los guías sorprenden a los aventureros con un whisky servido con hielo milenario.
¿Quieres más? Los glaciares Upsala, Spegazzini y Viedma también están al alcance a través de excursiones lacustres que cruzan paisajes que parecen irreales.
Tras la aventura, una mesa cálida te espera
Después de un día entre hielos eternos, El Calafate recibe con la calidez de su cocina regional. La trucha es protagonista en todas sus formas: al disco, estofada o a la parrilla. Para los más intrépidos, el guanaco, una especie autóctona, se sirve en hamburguesas, empanadas y pastas con un sabor suave y sorprendente.
Dos destinos, una sola experiencia: naturaleza sin filtros
La primavera transforma la Patagonia en un escenario vibrante, lleno de luz, color y vida. Ya sea que busques aventura, silencio, conexión con la naturaleza o una escapada gourmet en medio de la inmensidad, El Calafate y El Chaltén tienen todo lo necesario para dejarte con ganas de volver.
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