En 2026, la Copa Mundial de la FIFA llegará a México, Estados Unidos y Canadá. Será un momento de orgullo, de visibilidad internacional, de multitudes viajando, de ciudades preparadas para recibir el mundo. Ciudad de México será una de las sedes. Pero mientras se anuncian obras, inversiones y discursos de preparación, queda una pregunta incómoda: ¿Estarán listos los aeropuertos de CDMX para el Mundial 2026? Una reflexión sobre promesas, realidad y retos.
Lo que se está haciendo
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Se ha anunciado una inversión de 8 mil millones de pesos para la remodelación del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM), con el fin de acondicionarlo para el Mundial.
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Se proyecta que las obras de remodelación inicien entre abril y junio de 2025, con una conclusión estimada entre abril y mayo de 2026.
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El plan incluye la modernización de ambas terminales, mejoras en equipamiento de seguridad, tecnología aeroportuaria, alumbrado, sistemas electromecánicos, impermeabilizaciones, fachadas, muros, pisos, instalaciones eléctricas, hidrosanitarias, etc.
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Se han invertido recursos ya: entre julio de 2022 y marzo de 2024 se ejercieron cerca de 2,070 millones de pesos en mantenimiento (pistas, plataformas, calles de rodaje, terminales, equipamiento y sistemas eléctricos).
Los problemas acumulados y señales de alerta
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Las terminales del AICM tienen edades muy distintas, pero ambas han pasado mucho tiempo sin un mantenimiento profundo. La Terminal 1 tiene 72 años (desde su origen) y la Terminal 2 más de 18, pero ninguna había recibido un mantenimiento intensivo al nivel que ahora se planea.
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En agosto de 2025, lluvias torrenciales provocaron inundaciones que paralizaron operaciones, dejaron pistas inoperables y miles de pasajeros afectados.
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Las obras de remodelación fueron reconocidas como necesarias incluso por las propias autoridades aeroportuarias, quienes han dicho que algunos aspectos de mantenimiento se descuidaron durante años, incluso por factores como la pandemia.
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Otro gran problema: las obras no estarán concluidas para cuando arranque el Mundial. Se ha informado que la remodelación se tendrá que pausar (al menos entre 31 de mayo y 31 de julio de 2026) para no afectar operaciones centrales.
- Aunque el AIFA se ha presentado como una alternativa para desahogar al AICM, su papel rumbo al Mundial genera dudas. Si bien cuenta con infraestructura nueva y moderna, su principal reto sigue siendo la conectividad terrestre: para muchos viajeros internacionales el acceso aún es complicado y poco eficiente. Además, las aerolíneas internacionales han mostrado cautela en aumentar operaciones desde allí, lo que limita su potencial como “puerta de entrada” durante la justa deportiva.
Reflexión: ¿Dónde estamos vs. dónde deberíamos estar?
En teoría, todo suena bien: presupuesto, cronograma, prioridades técnicas claras. Pero en la práctica, los retos son mayúsculos:
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El clima como factor disruptivo
Las inundaciones de este año evidencian que el AICM sigue siendo vulnerable ante lluvias intensas. Si no se aseguran drenajes adecuados, impermeabilizaciones eficaces, se revisa la capacidad de bombeo, etc., cualquier tormenta fuerte puede desatar caos y cancelaciones. -
Tiempo insuficiente
Las obras tienen margen para extenderse, hay periodos de pausa contemplados, se deberán operar espacios en condiciones alternativas, etc. Las grandes remodelaciones, sobre todo en infraestructura que está operando continuamente, enfrentan retrasos, contratiempos logísticos y sobrecostos. -
Capacidad vs. demanda
AICM ya está saturado, la apertura del AIFA como aeropuerto alternativo, y la presión sobre accesos y transportes conexos muestran que no sólo se trata de infraestructura interna, sino de todo el ecosistema aeroportuario. -
Calidad, no solo cantidad
No basta con cambiar fachadas o alumbrado; hace falta que las pistas, las estructuras, los sistemas electromecánicos, la señalización, los sistemas de seguridad e infraestructura operativa cumplan estándares internacionales, que sean resilientes y sostenibles. - En un escenario ideal, el AIFA y el AICM deberían funcionar como un sistema aeroportuario complementario, pero en la práctica la falta de integración real —en transporte, servicios y distribución de vuelos— podría ser un obstáculo en el momento en que el mundo llegue a México.
Conclusión:
¿Estarán listos? ¿será suficiente para impresionar al mundo, para evitar el caos, las cancelaciones, los retrasos? ¿O quedará claro que muchos de los problemas eran estructurales, acumulados por décadas, y que el plazo de preparación no puede tapar todo con pintura y remodelaciones superficiales?
¿Qué opinas?


