Hay destinos que se cuentan… y otros que se saborean. Y este fin de semana, eso hizo Guanajuato en Sabor es Polanco: llevar su esencia desde el maíz hasta el vino, en una experiencia que conquistó todos los sentidos.
Nosotras estuvimos ahí, entre aromas, texturas y sabores, recorriendo el stand del estado invitado en los jardines del Campo Marte, donde más de 80 restaurantes y cientos de propuestas culinarias convivieron en uno de los encuentros gastronómicos más importantes del país.
Así se saboreó Guanajuato en Sabor es Polanco: tradición, vino y mucha identidad
Uno de los momentos más especiales fue ver —y probar— el trabajo de las cocineras tradicionales. Desde Celaya, las gorditas hechas al momento nos recordaron que la cocina mexicana no solo se come, se hereda. Cada masa, cada salsa en molcajete, llevaba historia.
También fuimos testigos de algo muy particular: la tortilla ceremonial y los talleres donde el maíz se transforma frente a tus ojos. Aquí no hay prisas, hay ritual.
Pero la experiencia no termina en el comal. Guanajuato sorprendió con su propuesta vinícola, que cada vez toma más fuerza. Probamos etiquetas de distintas regiones del estado, confirmando que el vino guanajuatense ya no es promesa, es realidad.
Y si de destilados hablamos, el recorrido se volvió aún más interesante: mezcal artesanal, tequila y cerveza local completaron una oferta que refleja la diversidad del estado.
De la raíz a la innovación
La otra cara de Guanajuato también estuvo presente: la cocina contemporánea. Ingredientes tradicionales reinterpretados con técnicas actuales que logran un equilibrio entre lo que fuimos y lo que somos hoy.
Ese contraste —entre lo ancestral y lo innovador— es justo lo que hace tan interesante su propuesta gastronómica.
Más allá de los platillos, lo que realmente nos llevamos fue la experiencia: catas guiadas, talleres, conversaciones con productores y ese ambiente que solo se logra cuando la comida conecta con la identidad.
Guanajuato no solo llegó a Sabor es Polanco a mostrar lo que tiene, sino a contar quién es. Y si algo nos quedó claro después de vivirlo, es que su gastronomía no es solo un motivo para visitarlo… es una razón para regresar.
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