“Farmear aura” nació como una expresión de internet, pero detrás del meme hay una idea que las marcas turísticas deberían entender: no basta con mostrar un destino, hay que conseguir que la gente quiera hablar de él.
Tengo que confesar algo: este fin de semana empecé a ver memes de “farmear aura” por todos lados y no entendía absolutamente nada. Y antes de aceptar que quizá ya estaba entrando oficialmente en esa edad en la que una empieza a preguntarse “¿qué están diciendo estos jóvenes?”, me puse a buscar en internet qué significaba.
Así descubrí que farmear aura no era simplemente otro término de TikTok, sino un fenómeno que habla mucho de cómo las nuevas generaciones entienden la personalidad, el estatus y la manera de presentarse frente a los demás. La expresión viene del universo gamer y se refiere a hacer algo que aumente la percepción de carisma, seguridad, estilo o presencia: una pose, una entrada espectacular, una acción inesperada o simplemente hacer algo con tanta seguridad que internet decide que acabas de ganar “+1000 de aura”.
Y mientras más investigaba, más me interesaba algo que tiene mucho que ver con nuestro trabajo: ¿qué pasa si llevamos esta lógica a las marcas y, particularmente, al turismo?
El fenómeno se volvió todavía más interesante cuando internet descubrió a Rayyan Arkan Dikha, un niño que participaba en las tradicionales carreras Pacu Jalur de Indonesia (ver video). Su imagen bailando sobre la proa de una embarcación se convirtió en un fenómeno global y llevó una tradición local a millones de personas que probablemente nunca habían escuchado hablar de ella. Incluso investigaciones recientes han analizado cómo este fenómeno ayudó a fortalecer la identidad cultural de Riau y su posicionamiento como destino turístico.
¿Qué pueden aprender las marcas?
Para mí, aquí está lo interesante: Indonesia no tuvo que inventar una campaña viral, internet encontró algo que ya tenía.
Y esa podría ser una de las grandes lecciones para el turismo. En lugar de intentar copiar cada tendencia de TikTok, los destinos deberían preguntarse qué tienen que ya resulta curioso, atractivo o imposible de encontrar en otro lugar: una tradición, un personaje, una fiesta, una experiencia, un platillo o incluso una manera particular de vivir el destino.
También hay algo importante en esta tendencia: el viajero quiere ser parte de la historia. Si una experiencia genera una escena que alguien quiere grabar, compartir y contarle a sus amigos, la marca deja de ser únicamente quien comunica y se convierte en parte de la experiencia.
Por eso, después de pasar de “¿qué demonios significa farmear aura?” a investigar todo lo que hay detrás del fenómeno, me quedé con una pregunta que creo que puede ser bastante útil para nuestra industria:
Si los destinos pudieran tener aura, ¿cuál sería la de cada uno?
Porque quizá no necesitamos que todos los destinos aprendan a hablar como TikTok. Necesitamos que descubran qué los hace tan especiales que la gente quiera hablar de ellos sin que nadie se lo pida.
Y eso, definitivamente, sí tiene aura.


