Terminó la gran fiesta del futbol y llegó el momento de hacer cuentas. Sectur habla de 7.8 millones de viajeros en las ciudades sede, mientras la industria hotelera reconoce que la ocupación quedó lejos de las expectativas. Entonces, ¿qué pasó realmente con el boom turístico que esperábamos?
Durante más de un año escuchamos prácticamente la misma historia: México se preparaba para recibir una de las mayores oleadas de visitantes de su historia, los hoteles estarían llenos, encontrar hospedaje sería complicado y millones de viajeros aprovecharían los partidos para recorrer el país.
Las expectativas eran enormes y tenían cifras detrás. Meses antes del torneo, la propia Secretaría de Turismo estimaba la llegada de más de 5.5 millones de visitantes adicionales gracias al evento, una proyección que ayudó a alimentar la idea de una temporada turística extraordinaria.
La industria reaccionó en consecuencia, los hoteles elevaron tarifas, apareció una enorme oferta de departamentos y casas en plataformas de alojamiento y restaurantes, experiencias y negocios turísticos se prepararon para una demanda internacional que parecía prácticamente garantizada.
Hoy el torneo terminó y ya tenemos números para empezar a analizar qué ocurrió.
Sectur dice 7.8 millones; los hoteleros cuentan otra historia
De acuerdo con el balance presentado por la Secretaría de Turismo, entre el 8 de junio y el 19 de julio las tres ciudades sede recibieron 7.8 millones de viajeros nacionales e internacionales. Sectur reportó además una derrama económica total de $65,000 millones de pesos, de los cuales $42,276 millones estuvieron relacionados directamente con actividades turísticas, así como la generación de 130,900 empleos.
Las cifras oficiales señalan que la ocupación hotelera promedio fue de 66%, 13 puntos por encima del mismo periodo de 2025, y que durante los días de partido llegó a ubicarse entre 85% y 90%. Los aeropuertos de las tres sedes movilizaron 6.4 millones de pasajeros, aunque aquí aparece otro dato importante: 4.2 millones correspondieron a vuelos nacionales y 2.2 millones a internacionales.
Visto así, parecería que las expectativas no solamente se cumplieron, sino que México vivió una auténtica fiesta turística.
Pero cuando escuchamos a los hoteleros, la fotografía cambia.
La Asociación Nacional de Cadenas Hoteleras (ANCH) informó que durante junio la ocupación en Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey se ubicó entre 57% y 65%, lejos del 80% o 90% que el propio sector esperaba alcanzar. Su presidente, Jorge Paoli, fue cuidadoso al señalar que no buscaban confrontar las cifras oficiales, pero sí reconoció que, para la hotelería, el resultado estuvo por debajo de las expectativas.
En Ciudad de México la diferencia resulta todavía más interesante. La información presentada por representantes del sector señala que durante los cinco días con partido la ocupación promedio fue de 67.7%, mientras que el promedio de todo junio fue de apenas 56.4%, incluso por debajo del 58.8% registrado durante junio de 2025.
Entonces, inevitablemente surge la pregunta: ¿en dónde están esos turistas que iban a llegar?
Quizá el negocio no estuvo en llenar habitaciones, sino en cobrarlas más caras
Hay otro dato que ayuda a entender lo ocurrido. Aunque no se llenaron como esperaban, los hoteles sí consiguieron incrementar considerablemente sus tarifas.
De acuerdo con la ANCH, el precio promedio aumentó alrededor de 43% en las tres ciudades sede. En el caso específico de la Ciudad de México, una habitación que promediaba $1,600 pesos durante junio de 2025 pasó a $2,563 pesos este año.
Es decir, hubo menos ocupación de la esperada, pero habitaciones considerablemente más caras.
Y esto conecta directamente con una conversación que ya habíamos planteado en Ama Viajar: ¿México se volvió demasiado caro esperando a un turista internacional que nunca llegó en las cantidades imaginadas?
Los propios representantes hoteleros identificaron varios factores detrás del resultado: boletos costosos, estancias más cortas, viajeros habituales que decidieron evitar las ciudades sede durante el torneo y una mayor oferta de alojamientos en plataformas como Airbnb y Vrbo.
Pero entonces, ¿Sectur o los hoteleros tienen razón?
Probablemente ambos están midiendo cosas diferentes, y ahí está precisamente el punto que como industria deberíamos analizar.
Sectur habla de “viajeros nacionales e internacionales” y construyó su balance con información de Datatur, autoridades estatales, aeropuertos, CANIRAC, Concanaco, AirDNA y otras fuentes. La ANCH, en cambio, está hablando específicamente del comportamiento de la hotelería organizada.
Además, 7.8 millones de viajeros no significa 7.8 millones de turistas extranjeros que llegaron por el futbol. La propia información oficial separa visitantes y turistas y agrupa nacionales e internacionales dentro del balance general. Ese matiz importa mucho cuando la expectativa previa estaba centrada, precisamente, en una llegada extraordinaria de viajeros del extranjero.
Y quizá esa sea la verdadera historia que dejan los números.
México sí tuvo movimiento, hubo partidos llenos, restaurantes abarrotados, calles tomadas por aficionados y una fiesta que difícilmente podremos olvidar, pero buena parte de esa energía también vino de los propios mexicanos. Incluso en la conectividad aérea, los pasajeros nacionales prácticamente duplicaron a los internacionales en las ciudades sede.
Eso no convierte al torneo en un fracaso turístico, sería absurdo afirmarlo. La exposición internacional de México, el movimiento económico y la oportunidad de posicionamiento que dejó un evento de esta magnitud tienen un valor que probablemente seguiremos midiendo durante los próximos años.
Pero tampoco deberíamos confundir una gran fiesta con el boom turístico que se había pronosticado.
La hotelería esperaba ocupaciones de hasta 90% y terminó reportando entre 57% y 65% durante junio. Los precios subieron considerablemente y, aun así, muchas habitaciones quedaron disponibles.
Quizá la lección más importante no sea preguntarnos por qué “no llegaron” los turistas, sino por qué estábamos tan seguros de que llegarían en esas cantidades.
Los grandes eventos pueden ser extraordinarios escaparates para un país, pero no garantizan automáticamente hoteles llenos, restaurantes saturados ni viajeros recorriendo destinos durante semanas. Para convertir aficionados en turistas hacen falta producto, promoción, precios competitivos y razones para extender la estancia.
Ahora que terminó la fiesta, toca hacer algo igual de importante que celebrarla: medirla con los pies en la tierra.
Y aceptar que, al menos para una parte importante de la industria turística, aquellos turistas que durante meses imaginamos llenando cada habitación disponible… no llegaron como los esperábamos.


