Más de 400 mil personas vibraron en el corazón de la capital y dejaron una derrama económica histórica.
La noche del 1 de marzo de 2026 quedará marcada en la historia musical de la capital. Shakira reunió a más de 400 mil personas en el Zócalo de la Ciudad de México, extendiendo la celebración hacia la Alameda Central y el Monumento a la Revolución.
El concierto gratuito no solo fue un cierre espectacular para la gira Las Mujeres Ya No Lloran World Tour, también se convirtió en un fenómeno social y económico.
Durante más de dos horas, la colombiana hizo vibrar la Plaza de la Constitución con himnos como Antología que son de esas canciones históricas de la cantante.
Impacto económico: más que un concierto
De acuerdo con cifras de la Cámara Nacional de Comercio, Servicios y Turismo de la Ciudad de México (CANACO CDMX), el evento generó una derrama estimada de más de 403 millones de pesos en hoteles, restaurantes y comercios.
La llegada de visitantes nacionales e internacionales impulsó el consumo en el Centro Histórico y zonas aledañas, consolidando a la CDMX como un epicentro de turismo cultural y de espectáculos.
¿Favorecen estos eventos a la Ciudad de México?
La respuesta parece inclinarse hacia el sí.
Conciertos de esta magnitud fortalecen el posicionamiento de la capital como destino de grandes eventos, activan la economía local en periodos cortos y democratizan el acceso a espectáculos internacionales en espacios públicos.
También consolidan al Zócalo como uno de los escenarios abiertos más importantes del mundo, capaz de recibir a cientos de miles de personas con organización y seguridad.
En una ciudad que apuesta por el turismo cultural, los festivales y los grandes encuentros globales, eventos como el de Shakira no solo generan titulares: generan movimiento económico, proyección internacional y apropiación positiva del espacio público.
La pregunta ya no es si la CDMX puede hacerlo, sino qué otros eventos de talla mundial están por venir.


