Hablar hoy de sostenibilidad en turismo parece prácticamente obligado, pero no siempre fue así. Hace una década, cuando el Sustainable & Social Tourism Summit comenzó a realizarse, hablar de sostenibilidad dentro de la industria todavía podía parecer un tema complementario, algo que se incorporaba cuando había presupuesto, tiempo o voluntad. Diez años después, el escenario es muy distinto y el propio crecimiento del Summit es una muestra de cómo esta conversación pasó de ser una tendencia a convertirse en una necesidad para el futuro de los destinos.
Este año, el encuentro celebró su 10ª edición en Ciudad de México, del 31 de agosto al 2 de septiembre, reuniendo nuevamente a líderes, empresarios, especialistas, gobiernos, organizaciones sociales y academia alrededor de una pregunta que resulta cada vez más importante para la industria: ¿qué tipo de turismo queremos construir y qué queremos dejar en los destinos que visitamos?
El Sustainable & Social Tourism Summit celebró en Ciudad de México su décima edición y reafirmó su papel como uno de los principales referentes iberoamericanos en turismo sostenible y social. En 2027, el encuentro llegará a El Salvador.
Y aquí está, para nosotras, uno de los principales valores del Summit. No se trata solamente de organizar durante tres días conferencias sobre sustentabilidad, sino de haber mantenido durante una década un espacio de encuentro que conecta a quienes están tomando decisiones con quienes están desarrollando proyectos y buscando nuevas formas de hacer turismo. Desde 2017, el encuentro se realiza anualmente y ha construido una comunidad internacional vinculada con la sostenibilidad turística, impulsando alianzas y proyectos en México y otros países de Iberoamérica.
Diez años después, la conversación es otra
La décima edición llegó además en un momento en el que la industria turística enfrenta retos que hacen todavía más relevante esta conversación: cambio climático, estrés hídrico, pérdida de biodiversidad, desigualdad, presión sobre los territorios y comunidades que empiezan a preguntarse si el turismo que reciben realmente está mejorando su calidad de vida.
Por eso, el Summit ha evolucionado junto con la industria. Este año el eje fue “Tecnología, Innovación, AI y sostenibilidad”, pero la discusión no se quedó en hablar de nuevas herramientas tecnológicas, sino en cómo utilizarlas para mejorar la gestión turística, cerrar brechas, fortalecer a las comunidades y generar impactos positivos en los territorios.
Y nos parece importante destacarlo porque la sustentabilidad en turismo ya no puede entenderse únicamente como reducir plásticos, ahorrar agua o instalar paneles solares. También tiene que ver con quién se beneficia del turismo, qué oportunidades genera, qué pasa con las comunidades locales, qué empleos produce y qué sucede con el territorio después de que los visitantes se van.
El premio que pone el foco en quienes ya están haciendo las cosas diferente
Otro de los elementos que ha acompañado la evolución del Summit es el Premio al Turismo Sostenible y Social en Iberoamérica, que este año llegó a su quinta edición y que tiene un objetivo particularmente valioso: visibilizar proyectos que ya están demostrando que la sostenibilidad puede convertirse en una herramienta de desarrollo, conservación y competitividad para los destinos.
La iniciativa reconoce proyectos de empresas, organizaciones sociales, gobiernos, academia, emprendimientos y organismos de gestión de destinos, y en esta edición incorporó además una categoría para Destinos Turísticos, con apartados para destinos maduros o consolidados y destinos emergentes. Entre los temas que contempla están la conservación de ecosistemas, inclusión y accesibilidad, desarrollo comunitario, innovación, adaptación al cambio climático, economía circular y responsabilidad social.
Y aquí creemos que está otro de los grandes aciertos del Summit: no quedarse en el discurso de “hay que hacer turismo sostenible”, sino poner nombre y rostro a quienes ya están intentando hacerlo realidad. Reconocer estos proyectos ayuda a que otros destinos y empresas conozcan experiencias que pueden inspirar, replicar o adaptar.
Esta vez, el Summit se acercó a más profesionales
Después de haber pasado por otros destinos, esta décima edición tuvo como escenario a Ciudad de México, lo que permitió acercar la conversación a empresarios, profesionales y representantes del sector que quizá no habían tenido la oportunidad de participar en las ediciones anteriores.
Durante tres días hubo conferencias, paneles, talleres, cursos y espacios de networking, con especialistas nacionales e internacionales, generando un espacio de capacitación e intercambio que, en nuestra opinión, es especialmente necesario cuando hablamos de sostenibilidad, porque muchas empresas quieren avanzar pero necesitan herramientas, conocimiento y, sobre todo, conocer qué están haciendo otros.
Y aunque la décima edición marca un aniversario importante, el mensaje que dejó el encuentro no fue de cierre, sino de continuidad. Diez años después, el Summit no está celebrando que la conversación terminó, sino que apenas estamos entrando en una etapa todavía más importante: pasar de hablar de sostenibilidad a demostrarla con decisiones, acciones y resultados.
Ahora el Summit llevará esta conversación a otro punto de Iberoamérica. La próxima edición será en El Salvador, dando continuidad a un proyecto que comenzó hace diez años y que hoy ya tiene una comunidad y una voz propia dentro de la industria turística de la región.
Porque quizá ese sea el mayor logro de estos diez años: haber insistido en una conversación cuando todavía no era prioridad para todos y haber conseguido que hoy hablar del futuro del turismo implique, necesariamente, hablar también de sostenibilidad, comunidad y responsabilidad.


